Alejandra Passarella es ayudante terapéutica y terapista ocupacional y desde hace unos cuantos años escribe para ella, sólo como un hobby. “Nunca lo había hecho de manera profesional y este verano comencé a escribir una serie de relatos que se fueron transformando de a poco en ‘La casa del último otoño en Villaguay’. Este libro no fue pensado ni soñado, lo comencé a escribir basándome en esos relatos y fue surgiendo de a poquito”, comentó.
Mirador Entre Ríos, en diálogo con la autora, ahondó en conocer su contenido: “Hay mucha realidad y poco de fantasía, son muchas vivencias mías y de personas que me han acompañado en el transcurso de la vida. No tenía la intención de escribir el libro, sino de guardar estas memorias para mi familia, en especial para mis nietas, para que el día de mañana supieran cómo se vivía en Villaguay en otra época. Escribirlo ha sido para mí un viaje interior, un viaje al alma, una experiencia que me despertó una mezcla de sentimientos y anhelos. En cada página sentí la necesidad de contribuir a que nuestra historia no se olvide, las costumbres y tradiciones ancestrales no se pierdan”.
“En esa casona tomada como espacio de añoranza se guarda el eco de las risas y las penas de generaciones. Tomé una casa en especial que he conocido, la cual me gustaría que la descubra cada lector, pero también puse mucho de otras casas no es solamente la vivencia de una. Hay muchas casas en una mostrando vivencias de cada uno de nosotros. Quién no recuerda de su niñez o juventud volver a la casa de algún familiar y percibir ese olor especial que tienen las casas viejas y esta es una casa vieja, por eso comienzo en el libro diciendo que tiene más de 80 años y mucha historia”.
PERSPECTIVAS
En sus páginas se habla de escuchar el otoño. “Es mi manera de ver esa estación que para mí es una época especial, porque es donde todo se aquieta, es como que uno puede mirar la vida desde otra perspectiva, esperando pasar el invierno y la llegada de la primavera donde todo vuelve a renacer. A muchos de nosotros la llegada del otoño nos traslada a otros momentos vividos, cuando comenzamos a pisar esas hojas quebradizas que nos traen recuerdos de vivencias pasadas, por lo menos así los siento yo, hay personas obviamente a quienes no les gusta, sin embargo, en mi caso me invita a pensar y en cuanto a por qué es el último otoño, me gustaría que lo descubran leyendo las páginas, porque si lo digo es como develar una parte muy importante del contenido”.
La autora comentó también que “la ilustración de tapa es muy especial y me toca profundamente el corazón, porque muestra la casa antigua como así también un camión, medio de trabajo que siempre estuvo en mi familia y sé que hay muchas familias que viven del transporte. Precisamente en las páginas comienzo narrando la casona, me encargo de cada detalle, que están más bien en mi mente, muchos no estaban directamente en las casas de las que yo hablo, sino que las unifiqué porque a su vez es uno de los personajes del libro. Se trata de la historia de una joven, llamada Valeria, que se va a estudiar a otra ciudad, Concordia, pero siente la necesidad de volver, porque su familia, su tierra, todo le hace falta. El desarraigo no le va y decide volver a Villaguay, su tierra, a su vieja casona junto a sus seres queridos a quienes extraña y una vez allí decide aprender todo lo que su abuela y su madre le pueden enseñar sobre hierbas, ungüentos, mezclas de hierbas y todo lo que hacen porque ellas tienen un invernadero y una herboristería en la familia, herencia del papá de Valeria, fallecido”.
MANOS SANADORAS
La autora señala que “la abuela Genoveva, según las personas que la conocen en la ciudad, tiene manos sanadoras, impregnadas de aroma a hierbas y se encargará con sus masajes, aplicando ungüentos y bálsamos de sanar a las personas. No solo se ocupaba del cuerpo sino también del alma”. También cita que “otro de los personajes es el tío Antonio, hermano del padre de Valeria, un hombre acostumbrado a transitar las rutas y los caminos de Argentina y podríamos decir que es la figura paterna de Valeria y de Saúl, que es su amigo de toda la vida. También está María, madre de Valeria quien se encarga del negocio, del invernadero y de la casa”.
Dentro de las definiciones, Alejandra asegura que “este libro encierra misterio, amor, amistad, tradiciones, costumbres y un mínimo toque mágico, porque en la realidad siempre hay algo de magia. Es como un viaje al alma, porque a través de este libro me encantaría que cada persona que lo leyera pueda sentir como un bálsamo dentro suyo, a mí me trajo eso, me trajo paz, necesitaba escribirlo. Me preguntaba si era el momento, porque consideraba que no y en un lapso de tres meses lo escribí, fue muy poco tiempo y podría haber esperado un poco más, pero, como dice la Biblia, todo tiene su tiempo y el tiempo exacto parece que era este. Deseo que cada persona cuando lea estas páginas traiga a la memoria los recuerdos y vivencias de tal manera que se sientan uno más de los personajes de esta historia”, agregó la escritora.
SEGUNDA PARTE
“Siendo de Concordia, sé que uno extraña a su tierra, por eso quiero de alguna manera agradecer a Villaguay, lo que me ha dado en estos más de 30 años con muchas vivencias, por todo lo que he aprendido y gracias a lo que pude absorber acá”, expresa Alejandra. El libro tiene recetas de ungüentos, agua florida, mezcla de hierbas, una canción de cuna y un poema “Hadas de otoño”.
A modo de anticipo dio a conocer que ya tiene armada la segunda parte de esta historia, “pero decidí que voy a esperar hasta el año que viene porque quiero ver la evolución de este libro, en el cual quiero rendir homenaje a nuestras madres y nuestras abuelas que supieron guiarnos con sus consejos; y a los camioneros, quienes luchan día a día transitando las rutas y caminos, sé personalmente de sus luchas y de esa mirada nostálgica que ellos tienen cuando suben al camión y emprenden el camino hacia la ruta. También de lo que vivimos las familias de los camioneros por eso quiero homenajearlos en este libro, junto a sus familias”, concluyó.
CONTACTO
Las obras de Alejandra Alicia Passarella se nutren de una profunda conexión y amor por la naturaleza. Como acompañante terapéutico y terapista ocupacional ha cultivado una mirada empática hacia la vida, encontrando inspiración inagotable en la imaginación y la alegría de los niños y la ternura y sabiduría de los ancianos. A través de sus escritos, busca tender puentes hacia la fantasía, el amor y la emoción, invitando a lectores de todas las edades a despertar la magia de lo cotidiano.
Para quienes deseen adquirir el libro pueden ingresar a Facebook e Instagram: Alejandra Passarella, en Facebook, La casa del último otoño en Villaguay o al WhatsApp al número 3455 – 49 69 91.